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Para comprender los términos técnicos empleados en la descripción y tasación de los libros, Ver Glosario - Ver Tarifas - Cómo encargar una tasación - Ver Cuestionario de preguntas - Recomiéndenos a sus amigos
CUÁNTO VALEN MIS LIBROS

Mucha gente tiene libros en casa. Heredados, comprados, recibidos como donación, e incluso encontrados por casualidad. Libros que no tienen utilidad para ellos, o libros para los cuales ya no hay sitio, bien porque hay que desalojar el lugar donde están almacenados, bien porque se muden de casa.

O libros que se supone que tienen un valor económico y que, en un momento determinado, hay que convertir en dinero para suplir otras necesidades.

O libros que se han heredado y que hay que dividir entre varios hermanos equitativamente, en función de su valor económico -nunca por número de volúmenes o porque parezcan más o menos bonitos-

O libros que están en casa pero a los que no se les ha hecho ningún "caso", aunque a veces supongan un importante patrimonio, al que nadie atiende, y del que ninguno de los miembros de la familia sabe nada. Y por supuesto, que no están cubiertos por las pólizas de seguro, pues ni siquiera se les atribuye valor económico alguno.

O libros que son motivo de pleitos, por cuestiones comerciales, o disputas familiares, entre compañías de seguros, penal, o por otros motivos.

En cualquiera de estos casos -y en otros- la primera pregunta que se hacen las personas que tienen libros es ¿cuánto pueden valer mis libros?, ¿cuánto valen? Comienza aquí, generalmente, una larga peripecia de averiguaciones y de preguntas a amigos y conocidos (profesores, bibliotecarios, editores, librerías, amigos más o menos "enterados", etc).

Los resultados de estas pesquisas siempre son decepcionantes: cada vez más confusión, puesto que las opiniones y valoraciones son a cuál más dispar y peregrina. El interesado termina desconfiando de todo y de todos.

Los libros valiosos, comercialmente hablando, están en poder de personas o familias de nivel económico y cultural medio-alto o alto, por razones obvias. Por ello, aunque no se trate de personas especialmente interesadas en los libros, ni se hayan preocupado  de averiguar su valor económico, saben apreciar la calidad de lo que tienen, aunque no sepan determinar su precio de mercado. Esto ocurre con un libro igual que con un mueble, o igual que con una casa, o con la ropa, o... por poner ejemplos.

Siendo como son personas cultas, y después de las primeras "escaramuzas" antes citadas, recurren a la que hoy día es fuente universal de información, Internet. Encuentran más y mejor información que la que habían obtenido previamente, pero con algunas importantes pegas:

  • Exceso de información en la mayor parte de los casos.
  • Ausencia total de información en otros.
  • La información que se obtiene es contradictoria, casi siempre.
  • Incluso cuando pueda aceptarse como fiable una determinada información, en realidad no es muy útil, porque las cifras que pueden llegar a deducirse son siempre los precios de venta al público a clientes finales, para obras individuales y para mercados muy concretos, tanto temporal como geográficamente hablando
  • Y otras, que sería demasiado prolijo explicar aquí.

Si vd. quiere saber cuánto vale su biblioteca debe tomar algunas decisiones previas, eso suponiendo que se trate solamente de libros, porque si también hay documentos manuscritos, grabados, mapas, coleccionismo de papel, etc, la cosa se complica aún más. En el caso de los libros hay que tener en cuenta  lo que sigue -que proponemos a su reflexión-. Y otras muchas consideraciones que alargarían excesivamente este  texto orientativo:

  • La primera es dónde y cómo va a obtener la información que necesita. Es decir: de qué fuente de información va a fiarse, suponiendo que la tenga a su alcance.
  • Después debe realizar vd. mismo, o bien encargar, las múltiples y complejas investigaciones bibliográficas necesarias, oferta y  demanda: estados de conservación, valor intrínseco de la obra, importancia del autor, rareza, si están o no ilustrados y quién los ilustró, encuadernaciones de época, de firma, artísticas, etc. Primeras ediciones, ediciones príncipe, ediciones de bibliófilo, facsímiles, etc. etc, etc,
  • A continuación debe obtener varias, cuantas más mejor, referencias de precios de ventas anteriores para cada obra. Las mejores fuentes son los catálogos de las librerías anticuarias más acreditadas -aunque aquí otra dificultad es saber cuáles son éstas, pero además discriminar y ponderar los precios de cada una, porque las políticas comerciales y de precios varían mucho de unas a otras, para las mismas obras-.
  • Además hay otras dificultades, como, por ejemplo, que las referencias de precios disponibles en repertorios, catálogos, etc, casi siempre tienen cuatro o cinco años (muchas tienen decenios, o siglos); o también la diferencia entre mercados: un precio - para una obra determinada- de un librero norteamericano, por ejemplo, puede que no tenga nada que ver con el precio de la misma obra en el catálogo de un español.
  • También puede obtener resultados de subastas -poco representativos, porque en demasiadas ocasiones los precios están subvalorados:  prueba de ello es el hecho de que somos los libreros los que más libros compramos en subastas-. Es verdad que a veces una determinada obra alcanza cotizaciones por encima de su precio de mercado corriente (el novelístico "pique" entre compradores) pero esto es la excepción.
  • Y lo más difícil. Ya ha recopilado toda la información y ahora debe ponderar las contradicciones entre distintas referencias, en base a los criterios comerciales que vd. haya podido formarse, pero ahora debe tomar en cuenta para la valoración las características específicas de sus ejemplares concretos (por ejemplo  estados de conservación, encuadernaciones y otros aspectos sobre los que no hay ni puede haber referencias, por lo  que obligatoriamente han de ser valorados desde la experiencia y los conocimientos de los que vd. carece). Y esto para cada una de las obras.
  • A continuación debe decidir si quiere donar, repartir entre varios, pleitear, asegurar, valorar a efectos patrimoniales, etc, etc.
  • Otra opción consiste en  vender la biblioteca o una parte de los libros, pero en este caso también debe decidir algunas cosas: si venderá la biblioteca completa y de una sola vez, o si prefiere vender por secciones, o si lo hará libro a libro (si tiene suficiente tiempo y ganas). En cada uno de estos casos debe ponderar de nuevo los precios -sin referencias que valgan-
  • También tiene que decidir a quién quiere vender sus libros, o donarlos,  de modo que pueda deducirse de sus impuestos lo que corresponda-: si va a ser a particulares, a instituciones, o a profesionales libreros: De nuevo hay que decidir cuál es el precio apropiado.
  • Otra opción posible es enviar los libros a una casa de subastas, aunque ya hemos apuntado algunos de los inconvenientes que tiene esta opción. Contra lo que pueda parecer a primera vista, la subasta no es la opción más interesante para vd. si lo que desea es obtener la mayor cantidad de dinero posible en la venta de su biblioteca.
  • Tenga en cuenta que el incentivo que tenemos los profesionales o particulares que compramos en subastas es, precisamente, que los precios de salida son  más bajos que los del mercado, de modo que, aún sumando los precios de remate a la comisión y a los impuestos, todavía nos queda margen comercial para revender con beneficio.
  • El caso -que no es norma, sino excepción- de obras que puedan rematarse a precios por encima del mercado, queda compensado en negativo con el hecho de que no todo se vende en una subasta. De este modo, al finalizar la subasta, vd. recibirá el importe de lo vendido -menos comisiones e impuestos, acuérdese-. Pero va a recibir también los libros que no se vendieron. Las mejores y más interesantes obras se venderán, si hay fortuna, a precios quizá aceptables. Pero el resto habrá que venderlo a bajo precio.

Como ha podido ver en esta pequeña "guía de problemas", el asunto es más complejo de lo que parece. Nosotros nos sentiremos complacidos si la información que le facilitamos le resulta útil, sirve para evitarle pasos en falso y le ayuda a obtener las mejores cifras por sus libros.

Aunque suponemos que, una vez meditada detenidamente la información que le ofrecemos, ya habrá llegado a una conclusión: necesita contratar los servicios de un profesional en quien pueda confiar para tasar sus libros, a precios que sean asumibles.

Si vd. cree que merecemos su confianza, puede encargarnos la tasación de su biblioteca. Ver Encargar una Tasación. Tanto si se trata de una obra, como si es una biblioteca con varios miles de libros. Tanto si son libros como si es un archivo documental, no importa dónde esté ubicado. Nos desplazamos por toda España y al extranjero. Puede ver en esta web quién somos y dónde estamos; cuáles son nuestras acreditaciones; cómo hacemos la tasación; cuáles son nuestras tarifas.

Primero le prestaremos nuestros servicios de tasación, peritación, valoración o/y catalogación, de acuerdo con sus necesidades. A continuación, si lo desea, le asesoraremos de cara a una posible venta, reparto, donación, pleito, aseguramiento, etc. Y también nos encargaremos -si así nos lo encarga- de vender su biblioteca obteniendo los mejores precios por ella.

Podemos comprar en firme sus libros, si llegamos a un acuerdo una vez que vd. compare nuestra oferta con las de otros -sobre la base de la tasación previa que vd. tendrá en la mano-, pero también es posible que aceptemos sus libros en Consignación para Venta a Comisión bajo contrato mercantil, en cuyo caso incluiremos sus libros en nuestros catálogos y los venderemos a comisión, con lo que vd. obtendrá mucho más que enviándolos a una subasta.


Un día comprendí que el libro, como todo, es sólo un depósito temporal. Que al fin desaparecemos mientras la vida sigue, y que los libros también deben vivir su aventura, sujetos a los avatares e incertidumbres de la existencia. Morir, vivir, deshacerse entre las manos de lectores, ser víctimas de la ignorancia, la barbarie, la maldad... Y así, con el tiempo, los supervivientes, uniéndose y separándose unos de otros, como hacemos los hombres que los crearon, llevan en sus páginas y en su encuadernación su propia historia. Su propia vida.
Por eso ya no sufro por mi biblioteca. Sé que un día se verá destruída o dispersa, pero no me angustia esa idea. Aunque algunos volúmenes se pierdan o perezcan en esa diáspora inevitable, otros volverán al mundo para ser rescatados de nuevo y hacer la felicidad de afortunados lectores que tal vez no hayan nacido todavía. Y un día, quizás, esos lectores pasarán sus páginas con el mismo cariño y atención con que yo lo hice. Y cuidándolos, atesorándolos, leyéndolos, tal vez intuyan en esos viejos y nobles libros las huellas centenarias de las manos que los acariciaron o maltrataron, los fantasmas sonrientes de quienes nos inclinamos sobre ellos persiguiendo placer, conocimiento, lucidez. En busca de respuestas a las preguntas que desde hace siglos nos hacemos todos.                                                                                     Arturo Pérez Reverte. "Botín de Guerra", en Patente de Corso.

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